jueves, 28 de julio de 2016

Elogio a la embriaguez 
Un texto de Fernando Savater 

Suelo ser excesivo. Confieso que he nacido para lo demasiado. No en todo, claro está, sólo en ciertos vicios y para ciertas aficiones. De las virtudes no hablaré, pero en alguna también me paso un poco, aunque Aristóteles me regañaría por creer que, si me paso, puedo seguir llamándola "virtud". Leo demasiado, escribo demasiado, viajo demasiado, me encolerizo demasiado, quiero hacer el amor con demasiadas personas y cosas, me enamoro demasiado de quien no me quiere, hablo demasiado, tengo demasiadas opiniones y no me las callo, gesticulo demasiado, grito demasiado, pretendo saber de demasiadas cosas, me río demasiado, lloro demasiado, cultivo y provoco demasiadas animadversiones. Me deprimo más de lo debido y me divierto como un niño bobo, sin medida. Soy un pasota, pero no porque pase de todo -como se dice en España para indicar indiferencia-, sino porque me paso en todo. 

Como es lógico, siento simpatía por la mayoría de los disparates y sobre todo por los extremos. En cuanto algo se estima tanto que comienza a delirar -una manía, una opinión, un defecto, una afición, un tic-, me resulta morbosamente interesante. Padezco vergonzante complicidad con los poseídos y los fanáticos, con los arrebatados y los convulsionarios. Cuanto más exagerado es alguien, más irrefutable me parece. No me enorgullezco de esta debilidad -en sí misma excesiva también- pero tampoco quisiera curarme del todo de ella. Ya que no podemos ser infinitos, al menos seamos extremistas, que es como la versión "pueril" del infinito. 

Me dicen que todo está bien, pero con mesura. Yo sospecho íntimamente que todo está mal, salvo cuando es desmesurado. Nada resulta a la larga tan triste como la verosimilitud. Lean a cualquier filósofo anglosajón y comprenderán lo que quiero decir. ¡Menos mal que Swift y Poe, Melville y Aleister Crowley fueron también anglosajones! El oráculo recomendaba: "De nada demasiado". Es evidente que de todo no puede tenerse demasiado, pues en tal caso seríamos dioses. Pero busquemos al menos lo demasiado en algo. Porque el consejo del oráculo también puede leerse de otro modo: tenemos, queramos o no, demasiada nada por delante. 

Lo divertido de la libertad, no nos engañemos, es el libertinaje. Lo mejor del erotismo es, por supuesto, la pornografía. Y en el terreno de la bebida, el ideal no es tomarse un par de copas para animarse un poco, sino emborracharse como un cosaco en Nochevieja. Me parecen repulsivamente hipócritas los usos "medicinales" del alcohol: "Tómese una copita para entonarse". ¡Para eso, tanto daría propinarse una buena friega de ginebra o vodka! El único que entendió bien las virtudes médicas del alcohol fue aquel pariente de Mark Twain: "Mi tío tomaba de vez en cuando una copa para estabilizarse. A veces se estabilizaba tanto que no podía moverse". Considerar la embriaguez como algo pecaminosamente malo en sí mismo es cosa propia de comunidades frígidas y civilizaciones sin gracia. Otros pueblos, sin embargo, ni siquiera han sospechado que los excesos de la bebida pudiesen despertar virtuosos escándalos. Stevenson, por ejemplo, comenta que nunca le oyó proferir a su abuela escocesa nada más duro contra el alcohol que esta sabia prevención: "¡Cuidado con la bebida, hijos míos, porque puede llevar al vicio!". Por supuesto que en todo caso la embriaguez, aun aceptada como algo perfectamente natural y lícito, suele resultar ocasionalmente torpe, inconveniente, sucia, fastidiosa, poco oportuna, ridícula, monótona, etc. ¿Pero no ocurre lo mismo con el amor? ¿O con la sabiduría? ¿O incluso con la justicia? ¿Y no es también cierto que amor, sabiduría o justicia pueden degenerar en vicio, con repercusiones quizás aun más indeseables que las de la bebida? 

No soy partidario de buscar coartadas a los excesos y reducirlos así a meros instrumentos, pero en defensa del alcohol es patente que sobran los testimonios favorables. En una entrevista, Marguerite Duras hacía un bello y conmovedor panegírico a la embriaguez etílica: "Nada como el alcohol -dijo-. El alcohol es perfecto, aunque es la muerte". Señalo que su testimonio es conmovedor porque ella tuvo que renunciar a la bebida por razones clínicas: pero, en lugar de aprovechar este forzoso ascetismo para iniciar una rencorosa cruzada contra su antiguo amante, lo recuerda con nostalgia y lo defiende. Por supuesto, decir de algo que es la muerte no es avanzar un argumento definitivo en contra. También la vida es la muerte, y aquí estamos. 

Bebamos, pues. Como decía un amigo: "Total, para cuatro días que va a beber uno". ¡Ah, mañanas de chinchón seco, mediodías de Campari, aperitivos de manzanilla y oloroso, comidas regadas con buen vino, grappa enérgica de los postres, tarde de mezcal, vodkas estimulantes, bourbon en donde suena la sirena de un coche de la patrulla nocturna y ron en el que se ahogan piratas fantasmales! El día de mi cicuta, no ofreceré un gallo a Esculapio. Por si no están ustedes mañana allí, les prevengo de mis últimas palabras: "Hijos míos, borgoña en las comidas y whisky escocés a cualquier hora". Y luego, dándome la vuelta para organizar dignamente cara a la pared: "Nada grande se ha hecho sin pasión". 

No conozco oración más conmovedora y más sentida que aquella con la que comienza «El pequeño vagabundo», de William Blake: «Madre querida, madre querida, la iglesia es fría, / mas la taberna sana y placentera; / puedo decir además que es donde me tratan bien. / Tan buenos momentos no tendré en el cielo». Es difícil más verdades en menos palabras, salvo quizá en algún tratado de matemáticas y, francamente, las verdades matemáticas son a la verdad lo que Audrey Hepburn a Marilyn Monroe. La taberna es un lugar sano, placentero y donde por añadidura mejor lo tratan a uno. No hay signo de civilización más indudable que la abundancia y calidad de tabernas: allá donde proliferan las cafeterías, los snacks, los bares estadounidenses y demás abrevaderos plastificados, no duden de que el fantasma de Spengler anda frotándose las manos y los caballos justicieros de los bárbaros relinchan cada vez más cerca. En Euskalerria sobran las buenas tabernas. Comienza uno a aprender euskera, por ejemplo, y los temblores de neófito se le pasan cuando una de las primeras lecciones del método más popular se titula precisamente Tabernan, y allí en la taberna se establece el animado dialoguillo pedagógico de los personajes, con elogios al vino y todo. Una lengua que comienza a aprenderse con ejemplos tabernarios tiene que ser por fuerza sabrosa y civilizada. 

La taberna es un ámbito esencialmente materno, en el sentido más hospitalario del término: afuera todo es llanto y crujir de dientes, extra tabernam nulla salus. No es, pues, el lugar de la vida activa, sino del inicio o remate de la actividad. Allí comienzan los negocios y también concluyen con un trago las sociedades que han dejado de ser rentables. Allí se tonifican entre bélicos himnos subrayados por golpes del jarro sobre el mostrador quienes parten al combate y allí se celebra el regreso del héroe victorioso o del superviviente. De allí sale el viajero que marcha a lo desconocido y allí retorna para narrar a un círculo de ávidos oyentes las peripecias de su travesía. Allí se bebe a la salud de la bella a cuya cita va a acudirse por primera vez y allí también (¡ay!) se apuran los tragos espesos en que se busca consuelo de su pérdida. La taberna es un paréntesis en la vida, como el sueño. Y, también como el sueño, ese paréntesis está más lleno de significado que la propia vida. Es algo así como la Legión Extranjera, pues uno puede perder su identidad acrisolada al entrar y fabularse en una nueva personalidad que compartir con otro bebedor solitario, o sencillamente puede preferirse el rincón menos iluminado y su perfecto anonimato, como hizo Ulises cuando volvió al reino que se proponía reconquistar. 

He dicho antes «bebedor solitario» y eso es algo que debe ser matizado, pues nadie bebe realmente solo en la taberna: en efecto, es el reino de la mediación y por tanto del reconocimiento que humaniza y satisface a la autoconciencia. El mediador es naturalmente el tabernero: no hay oficio que requiera mayor sutileza, una distancia mejor calculada para asegurar la compañía acogedora sin atentar contra la pudorosa intimidad, una disponibilidad atenta y digna que sepa hacerse poco a poco cálida hasta la ternura cuando la ocasión lo requiera. ¿Cómo va a poder beberse a gusto en una cafetería de mecánicos y displicentes camareros, siempre deseosos de que uno deje libre la plaza que ocupa, o aun peor, en un autoservicio, que incluso en el mejor de los casos no es más que una adaptación de la cadena de montaje a las necesidades alimenticias? Encontrar un buen tabernero es tan difícil como encontrar un buen amigo. Aun más raro y precioso, si me apuran, porque el amigo exige de nosotros proezas afectivas que la discreción del buen tabernero obvia. Es el tabernero el encargado de que nadie esté totalmente solo en su casa y también de que nadie se sienta vigilado: ¡Ojalá Dios nos tratase con igual delicadeza! 

Quizá se me diga, con trémolo de regeneracionismo abstemio, que en las tabernas se «bebe» y allá donde se bebe también puede beberse «demasiado». A lo que se supone que yo debería responder cantando las virtudes del use moderado del alcohol, sus beneficios para la salud o la sociabilidad en la dosis adecuada, etc. Es lo que han hecho todos los hipócritas que en el mundo fueron cuando han querido defender el vino, de San Pablo a Xavier Domingo. Lamento no ser propenso a tales empeños educativos. Personalmente, creo que no se debe beber demasiado: sólo lo justo para emborracharse. Pero en estas cuestiones me siento tolerante (como dijo muy bien Bergamín de sí mismo, soy liberal en todo salvo en política), y si alguien se encuentra a gusto en el exceso, no diré ni una palabra que pueda desanimarlo. No faltan, sin duda, argumentos edificantes a favor de la bebida: gracias a la embriaguez, por ejemplo, me he visto libre de la adicción a las drogas duras, pues no suelo estar sobrio el tiempo suficiente para conseguirlas. 

Pero no me rebajaré a este tipo de palinodias ni tendré la desvergüenza de considerar la borrachera como un efecto indeseado o un mal menor. Abundan las culturas que no han mirado la embriaguez con virtuosa repugnancia. No me refiero, desde luego, a las habituales coartadas antropológicas que relacionan los excesos etílicos con la fiesta, la suspensión de lo cotidiano, la posesión divina. Dionisos y demás grandilocuencias para borrachos de mala fe. No: hablo más bien de una tolerancia usual y sin énfasis, que suele darse por lo común en tierras de sólidos bebedores, como Escocia. En cambio, Rabelais tuvo mala fama entre sus envidiosos contemporáneos por su afición desmedida al veneno de Noé. Decían de él que nadie le vio nunca completamente sobrio, por temprano que fuese, lo cual no deja de ser un bonito récord. Y, sin embargo, se ganó un hermoso epitafio de Ronsard por esta misma afición, en el que se incluyen interesantes disquisiciones sobre las transformaciones fermentativas de la materia: «Si d'un mort qui pourri repose / Nature engendre quelque chose / Et si la génération / Se fait de la corruption: / Une vigne prendra naissance / De I'estomac et de la panse / Du bon Rabelais, qui boivoit/ Toujours, cependant qu'il vivoit». 

Beber y vivir. Es inevitable recordar aquí otro epitafio, este compuesto por el propio interesado, bebedor nada rabelesiano sino agónico, pero dotado también de fundamental ironía: «Malcom Lowry / Difunto del Bowery / Su prosa era florida / Y a veces reñía / Vivió de noche y bebió de día / Y murió tocando el ukelele».Y volvamos de nuevo a la taberna, de donde nunca salimos de pleno grado. Las hay de muy diferentes personalidades, según la bebida base que se provee habitualmente en ellas. Las tabernas de vino suelen ser vivaces, canoras, propensas a la tapa y al pincho. Las de cerveza, soñadoras y ensimismadas. Las cantinas de tequila, peleonas. 

Todas tienen su encanto, a poco que uno sepa conciliar su ánimo con el genius loci imperante: es cuestión, como casi todo en la vida, de saber estar. Cuando llega la hora de elegir alguna, es ante todo justo y saludable enumerarlas en su diversidad con agradecimiento politeísta: tabernas de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, desde alguna de las cuales puede verse la placa con los nombres de los primeros navegantes que completaron la vuelta al mundo; finas tabernas sevillanas, de augustas aceitunas y mojama tenue; honrados pubs ingleses, quizá los antros más acogedores del mundo; rincones parisinos de la Isla de San Luis, cuando llega el nuevo beaujolais; cantinas de Taxco, en una de las cuales me invitó a escuchar nueve corridos un desconocido que pagaba en mariachis la pérdida de una apuesta; inolvidables tabernas venecianas, Ca d'Oro Ruggiero, el Cacciatore de Murano, donde se bebe el fugaz y frutal torbellino. 

¿Preferir? Uno las prefiere todas, es decir, prefiere su variedad y su riqueza. Pero el corazón del bebedor tiene sus rincones. El mío está arropado en las tabernas de la Parte Vieja de Donostia, entre txakolí gildas y chorizo cocido, aunque hay cierto balconcito en Guetaria que tampoco cambio por nada del mundo. Se entiende: ni de este mundo ni del otro. El poema de Blake antes citado comenta sin melancolía: «Tan buenos momentos no tendré en el cielo». De algo estoy seguro: si allá en el otro mundo infierno o gloria, tanto da no hay fuerte vigilancia, nada podrá impedir que mi alma despenada se lance cabeza abajo por el tobogán de las estrellas para acabar en un rinconcito del Astelena o del Ormazábal, acariciando ya sin ojos ni lengua un txikito imposible y desesperado. 

¿Qué le pasa exactamente a nuestro cuerpo cuando nos morimos?

BBC Mundo le cuenta en detalle cuál es el proceso que se desencadena una vez que hemos dejado de respirar y que nuestro corazón ha dado su último latido. Algunos creen en la reencarnación, otros en la resurrección del alma y están los convencidos de que la vida se acaba aquí en la Tierra, con la última respiración. Pero creencias a un lado, ¿sabes qué le pasa exactamente al cuerpo cuando nuestro corazón deja definitivamente de latir? BBC Mundo te lo cuenta. Pero antes, una serie de indicaciones breves para comprobar que una persona ya ha fallecido. Para certificar que alguien está muerto, hay que escuchar durante un minuto si su corazón está latiendo y tomarle el pulso también por un minuto, explica Clare Gerada, médica del Colegio Real de Médicos Generales de Reino Unido. Hay que asegurarse de que no esté respirando y revisar las pupilas con una linterna para comprobar que no responden al estímulo de la luz. "Si todavía tienes dudas", añade, "puedes frotarle el esternón. Éste es un procedimiento doloroso: si la persona no está muerta, reaccionará en seguida", a causa del dolor. Rigor mortis Como tu corazón deja de latir, tu sangre deja de circular, se espesa y se coagula. Al dejar de circular, comienza a acomodarse por el peso de la gravedad en un proceso conocido como livor mortis o lividez post mórtem. Sin circulación, tu cuerpo comienza a perder temperatura y tus músculos se endurecen, en un proceso conocido como rigor mortis. Cuando el corazón deja de latir, la sangre deja de circular y se torna más espesa. "Este proceso suele iniciarse después de 4 o 6 horas, primero en los músculos más pequeños como los de los párpados o la mandíbula, luego le sigue el cuello, y más tarde los músculos más grandes como los brazos o las piernas", le dice a BBC Mundo Carla Valentine, curadora técnica del Museo de Patología Barts de Londres. "Esto dura entre 36 y 48 horas, dependiendo de una serie de circunstancias. El frío, por ejemplo, puede ralentizar el rigor mortis", explica Valentine. "Pero si uno tiene fiebre cuando muere”, añade, "se acelera". Al dejar de respirar, nuestras células ya no se nutren de oxígeno. Sin oxígeno, la mitocondria dentro de las células no puede producir adenosín trifosfato, conocido por sus siglas en inglés como ATP, una sustancia química que cumple una serie de funciones celulares, como explica un video educativo de la Sociedad Química de Estados Unidos. Y, si tus células no pueden producir ATP, dejan de funcionar. El turno de las bacterias Las células muertas comienzan a romperse y a liberar toda clase de sustancias - incluidas enzimas- que crean un ambiente ideal para las bacterias y los hongos, que se incorporan a esta mezcla y comienzan a descomponer el cuerpo. Durante el proceso de descomposición, las bacterias despiden una gran variedad de derivados químicos. Dos en particular, la putrescina y la cadaverina, ambas de un olor muy desagradable. También se producen compuestos que contienen azufre que, junto con numerosos gases que comienzan a hinchar el cuerpo temporalmente. Este proceso de descomposición se ve afectado por numerosos factores. "La regla básica es que, bajo tierra, el cuerpo tarde ocho veces más en descomponerse que fuera de ella", dice Valentine. Bajo tierra, el proceso de descomposición se vuelve más lento. Pero puede incluso que no ocurra, si el cuerpo se encuentra en un ambiente seco como el desierto. En esos casos el cuerpo se momifica y la piel se torna de un color amarronado como si fuera cuero. "En la era victoriana en Inglaterra, por ejemplo, si una madre paría un niño muerto al nacer y no quería que nadie supiese de su embarazo, muchas veces escondía su cadáver detrás de la chimenea. Años más tarde, se hallaban los cuerpos preservados de los bebés a causa del calor seco", comenta Valentine. Derribando mitos Un mito muy arraigado es que las uñas y el pelo continúan creciendo al menos un poco cuando uno está muerto. ¿Qué hay de cierto? Nada, según explica Caitlin Doughty, directora de funerarias de la organización "The Order of the Good Death". "El cabello crece muy poco cada día. Pero cuando uno muere este proceso se detiene". "Por miles de años, la gente pensaba que el pelo y las uñas seguían creciendo, porque esa era la impresión que daban los muertos. En realidad, no crecen: da esa sensación porque el resto del cuerpo se encoge". Es decir, no es que las uñas crezcan, sino que la piel que las rodea se retrae. Y medida que se deshidrata, las uñas van pareciendo un poco más largas. Lo mismo pasa con la piel de la barbilla de un muerto: se retrae y hace que los vellos sean más prominentes. La piel de gallina causada por la contracción de los músculos erectores del pelo también contribuye a que parezca que creció la barba.

domingo, 7 de febrero de 2016

El último refugio de la vida eterna: Internet

http://www.lanacion.com.ar/1868278-el-ultimo-refugio-de-la-vida-eterna-internet

El último refugio de la vida eterna: Internet

Aplicaciones y redes permiten compartir el duelo y hasta "hablar" con quienes ya no están
PARA LA NACION
Domingo 07 de febrero de 2016
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36 "Feliz cumpleaños, que lo pases genial", anota alguien en el muro de L. En las fotos L posa: con amigas, con su papá, a sus poquísimos años. Con su sonrisa. Con un pañuelo en la cabeza. En la toma más linda, la más luminosa, está sentada y sé en dónde: en una de las murallitas exteriores del Hospital Garrahan, adonde la trataron hasta que su cuerpo se deshizo y ella se convirtió en quien es hoy: alguien con quien se conversa en la Red adonde todavía está, cumpliendo años. Cada tanto, nuevas fotos viejas avivan la ilusión, y los comentarios. L, en el cielo y con diamantes. "Estás re linda, L", "Te quiero mucho", "Sos nuestro angelito".
Ilustración: Fernanda Cohen
Ilustración: Fernanda Cohen.
Nunca la muerte fue esto que es ahora, tal vez porque la vida también se ha modificado radicalmente. Este nuevo modo de estar (ubicuo, incesante y aéreo, como el de los espíritus) ha generado modos de "no" estar también novedosos. Otra clase de ausencias, presentísimas: los neomuertos. Así, para la investigadora Paula Sibilia, autora de El hombre postorgánico y de La intimidad como espectáculo (FCE), es en nuestro constante ir y venir de uno a otro lado de la pantalla donde debemos rastrear ese mismo mecanismo de péndulo frente a la muerte. "Nos hemos acostumbrado con mucha rapidez y eficacia a «vivir» en la pantalla. Se ha vuelto cada vez más difícil tratar de separar esa vida que exponen nuestros perfiles en Internet, por un lado, y eso que seguimos llamando «vida real», por el otro. Estamos constantemente conectados y disponibles tanto online como offline, de modo que esa separación entre ambos mundos se ha ido esfumando." En ese proceso de mezcla y creciente indiferenciación entre ambos universos, la muerte también ha ido cambiando. Hoy, pues, lo que nos inquieta no es ya dejar de ver a tal o cual persona, sino dejar de verla conectada. Dejar de verla ahí, donde estuvo siempre.
¿Es nuevo? No. Cualquiera que recuerde la alocada marcha de doña Juana I de Castilla y Navarra por toda España y durante meses, paseando con el cadáver de su marido, entiende el truco: evitar el entierro es retener al muerto querido. Por eso, arguyendo el supuesto deseo del difunto de ser enterrado en Granada, doña Juana no tuvo mejor idea que llevarlo de viaje. Y allí fueron ella (embarazada), el sarcófago real y un nutrido cortejo de cortesanos, y se dedicaron a peregrinar por meses, de poblado en poblado, como si el rey acabase de morir.
Según relata Pedro Mártir de Anglería, el cortejo iba "rodeado de funeral pompa, y de una turba de clérigos entonando el Oficio de Difuntos, como en triunfo en un carruaje tirado por cuatro caballos". Al cabo de su delirante recorrido, Juana había quemado accidentalmente un par de iglesias y llevaba gastado un millón de maravedíes en velas. Lo nuestro, claro, no es tan fastuoso pero trata de hacer lo mismo. Por eso, según comenta Raquel Tarullo, investigadora de la Universidad del Nordeste, "la muerte se resignifica en tiempos de redes sociales, y con ella el duelo. Ya no se llora a escondidas sino que se llora en la Red y ahí, en las redes, la muerte no se suelta: se sigue manteniendo el dolor de la pérdida, que se renueva con cada nuevo comentario que recibe el post, con cada nuevo «me gusta»", precisa. No velorio, tierra ni entierro. Nada de carrozas fúnebres pomposas de plumas negras, como antaño. Nada por aquí, nada por allá. Nada de muerte en la muerte. Tampoco despedidas.

Posteo, luego existo

Alguna vez, Atahualpa Yupanqui se refirió a la muerte como "el gran silencio". Y de esto se trata también todo: de comenzar a morir si y sólo si las palabras nos abandonan para siempre. Es por eso que según Adriana Amado, doctora en Ciencias Sociales, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, "la obsesión de estos tiempos no es comunicar sino hacerse visible. No hay descastado que no reclame «visibilización», de lo que se desprende que la muerte social hoy es ser invisible. La ecuación es obvia: si ser visible es existir, mientras seas visto, existirás.
Pasa con David Bowie, que al cabo de su muerte está más presente que cuando estaba vivo. La gente comparte su música, su vida, sus recuerdos. En ese intento de retenerlo en la vida social, le dan visibilidad, y por lo tanto lo hacen existir", comenta. Lo resucitan, pues, haciéndole un suave masaje cardíaco de likes, enviando mensajes a su cuenta de Twitter, hablándole como si aún estuviera ahí. Y tan central se vuelve esto de no dejar de decir que incluso Facebook cuenta desde hace algún tiempo con una opción de privacidad para antes del fin. Gracias a ella, el inminente difunto puede designar a un "encargado de legado" para que administre su cuenta luego de su muerte física. La aplicación LivesOn de Twitter va en el mismo sentido: "Cuando tu corazón deje de latir, seguirás tuiteando", se lee en su presentación. De este modo, en función del historial de tuits de la persona que se murió, y que refleja sus preocupaciones, intereses y hasta sentido del humor, el sistema puede seguir publicando breves mensajes en nuestro nombre cuando ya no estemos por aquí abajo.
Los sitios Memorial, Respectance, Epilogable y Dead Social, en cambio, responden al viejo formato del tributo y permiten, simplemente, seguir ciberhomenajeando al difunto. Se puede subir fotos, encender electrovelas y todo lo que se supone que uno puede hacer con un fallecido. Esto no incluye, claro, que el difunto nos responda. ¿O sí?
Por lo pronto, y como se plantea en uno de los capítulos de la inquietante serie inglesa Black Mirror, tal vez en este nuevo modo de vida etérea que supimos conseguir no sea tan absurdo que un algoritmo "reconstruya" nuestra personalidad y genere una versión bastante aceptable de nosotros mismos. De hecho, es un algoritmo como éste el que permite la paradoja de que los muertos sigan dándole "like" a productos y servicios que tal vez ni siquiera tuvieron el gusto de conocer. El periodista Bernard Meisler escribió un artículo al respecto y, en el proceso, dio con la cruel verdad: nuestros "likes" no nos pertenecen del todo y (vivos o muertos) la industria los usa a su favor. Así es como después vemos a un vegetariano levantándole el pulgar a una empresa de hamburguesas con gusto a teflón, a un ambientalista apoyando a una firma de pesticidas o bien a un muerto encantado con el auto que nunca llegó a manejar. Lástima que esa suerte de suplantación de la personalidad a veces termina mal. Tan mal como pudo comprobar el programador Eric Meyer cuando, en su resumen del año en Facebook, el sistema no tuvo mejor idea que decidir por él y abrir la tanda de recuerdos con la foto de una nena hermosa, de ojos muy brillantes. Era Rebecca, la hija de Meyer, muerta de cáncer a los seis y en 2014, año que la Red había decretado que había sido "extraordinario" tanto para él como para los 1350 millones de personas que lo habitan. El escándalo terminó dando la vuelta al mundo, pero al menos al programador le sirvió para comenzar a pensar de otro modo su propio trabajo. Habló entonces del algoritmo "cruel" y de la cantidad de sobreentendidos con los que se manejan las redes sociales. Así, para la Red los niños no mueren, la gente no se divorcia ni se enferma ni pierde el trabajo, y a alguien de apellido Culasso se le bloquea la cuenta porque -según el mensaje enviado por Facebook- "parecería ser que viola nuestros estándares de nombres". Ciertas edades parecerían violar también las reglas de lo previsible, de "lo que nos pasa a todos". Que lo diga si no Anna Stoher, la abuela de Minessota que no pudo abrir su cuenta en Facebook por haber nacido (horror de horrores en un reino en donde la edad promedio es 31 años) antes de 1905. "Pero todavía estoy aquí", reclamó la señora y fue admitida, justo antes de morir. Quedamos así, entonces: ni culazos ni gente de más de un siglo. Pero ¿y los muertos? ¿Por qué serán los muertos así de bienvenidos en esta rara forma de eternidad online?
Hoy hay en Facebook 55 millones de perfiles de ausentes. "Y en los últimos años, la cantidad ha crecido exponencialmente, de acuerdo con un estudio realizado por Foro Mundial Económico", se consigna en el trabajo "La emoción en la participación en las redes sociales: Facebook como muro de despedida". Se muere entonces en el mundo, pero se sobrevive en la Web. ¿Existe acaso un movimiento inverso? ¿Se puede morir sólo virtualmente? "Sí, y eso es lo que vivieron los habitantes de Uru Online, mundo virtual habitado por jugadores adultos, que en 2004 experimentaron la pérdida de su mundo por la quiebra de la empresa que lo administraba", detalla Alejandro Tortolini, especialista en mundos virtuales del Laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje de la Universidad de San Andrés. "Recibieron el aviso de que los servidores se apagarían para siempre, junto con sus avatares, el de sus amigos y familias virtuales. El día señalado vieron cómo sus personajes quedaban inmóviles: muerte virtual, pero testimoniada por personas que comprobaron que no somos dueños de esas vidas que construimos, y que podemos perderlas de golpe." Muerte virtual, duelo real.

Luz que nunca se apaga

Se llama "planta de la resurrección" y hay algo en ella -puede que su capacidad para girar seca movida por el viento del desierto, puede que el don de implantarse allí donde haya agua y reverdecer en cuestión de minutos- que la vuelve asombrosa. Para Sibilia, algo parecido sucede hoy con los neomuertos: con sólo cambiar de paisaje, con sólo mudarse definitivamente del otro lado, la vida continúa. "Cuando muere alguien que formaba parte de esta nueva dinámica, que su otro yo virtual siga vivo nos produce un efecto mucho más intenso que el que podría provocar el contacto con un objeto material de la persona fallecida", explica. "El perfil en la pantalla ostenta un tipo de presencia que se contradice con la certeza de la desaparición del cuerpo físico de su autor. Porque esas palabras e imágenes no constituyen meras evocaciones de alguien: son esa persona, o al menos solían serlo." Una gran esfera parlante: eso somos todos nosotros juntos. Una bola luminosa, interconectada, en donde el zumbido de la vida está dado por un incesante tráfico de comentarios, pulgares, posteos, fotos y más fotos. Todo a la vista y todo en voz alta, porque si antes morir era por sobre todas las cosas quedarse callado y desaparecer de los lugares de siempre, este nuevo estado de cosas parece haber dado con la fórmula mágica para resucitarnos.
Una nueva vida electrónica nos espera post mortem y logra "mantenernos vivos" del mismo modo que la vida de la fama extendía nuestra duración en este mundo, como bien enseñaban las coplas de Manrique a la muerte de su padre. "El anhelo de inmortalidad estuvo siempre presente, pero lo nuevo es cómo las nuevas tecnologías ayudan a una logística más acabada", apunta Patricia Faur, docente de la Universidad Favaloro. "Hay una realidad: la muerte. La muerte física. Pero los muertos siguen presentes en el relato de quienes los aman. Entonces, ¿dista mucho la aplicación Dead Social de las cartas dejadas en una caja fuerte para ser leídas luego de la muerte? ¿Y está tan mal que un padre quiera dejarle un mensaje a su hija que cumple 15? Podemos pensar que todo esto es la negación del duelo, que puede llevar a confusión, que es una necesidad narcisista de trascendencia. Sí. Es todo eso. Pero también es una botella arrojada al mar. Es saber que queda algo de uno: una carta, un legado, una palabra. Claro, al estilo posmoderno: un tuit desde el más allá. Una palabra anticipada imaginando lo que vendrá."
El 10 de enero murió David Bowie, apenas dos días después de haber cumplido 69 años y de haber lanzado su vigésimo quinto disco, llamado Blackstar. Bowie tiene ya, desde luego, su página de tributo en Respectance y el récord en Vimeo: el día de su muerte, sus videos tuvieron más de 50 millones de vistas. Está en YouTube, evadiendo a la muerte en su video Lazarus, está en los afiches callejeros, está sonando con un sonido tan nuevo -tan Bowie- que hay en todo esto algo de renacimiento. De resurrección. Sin embargo, cuando supo la noticia, el primer gesto de su hijo Duncan fue salir de las redes para irse a llorar. Y el de su primera esposa, Angie, fue -literalmente- largarse a llorar frente a la cámara de Gran Hermano Famosos versión inglesa. Encerrada en una casa llena de celebridades apolilladas, sentada en un sillón y absurdamente peinada con dos colitas, fue enterarse y enterrar la cara entre las manos. "Hace años que no lo veo y no voy a hacer un drama, pero me siento. tan triste. Es como si una era se hubiera terminado. El polvo de estrellas se ha ido", dice y vuelve a decir la señora. Y todo es doblemente trágico con esas mejillas pintadas de rosa, y ese peinado infantil, y ese miedo tan humano. Tan real. La muerte la ronda también a ella. Es entonces cuando uno comienza a entender que lo vivo es lo otro. Lo que ya no está aquí. Ni en las pantallas. Ni en ningún otro lado adonde nadie pueda ir y volver para contarlo.

viernes, 20 de noviembre de 2015

La muerte en Samarkanda

Les dejo este relato que demuestra el apego de la cultura árabe al concepto de la inexorabilidad del destino:
La muerte en Samarkanda
Farid al-Din ‘Attär.
Una mañana, el califa de una gran ciudad vio que su primer visir se presentaba ante él en un estado de gran agitación. Le preguntó por la razón de aquella aparente inquietud y el visir le dijo:
– Te lo suplico, deja que me vaya de la ciudad hoy mismo.
– ¿Por qué?
– Esta mañana, al cruzar la plaza para venir a palacio, he notado un golpe en el hombro. Me he vuelto y he visto a la muerte mirándome fijamente.
– ¿La muerte?
– Sí, la muerte. La he reconocido, toda vestida de negro con un chal rojo. Allí estaba, y me miraba para asustarme. Porque me busca, estoy seguro. Deja que me vaya de la ciudad ahora mismo. Cogeré mi mejor caballo y esta noche puedo llegar a Samarkanda.
– ¿De veras que era la muerte? ¿Estás seguro?
– Totalmente. La he visto como te veo a ti. Estoy seguro de que eres tú y estoy seguro de que era ella. Deja que me vaya, te lo ruego.
El califa, que sentía un gran afecto por su visir, lo dejó partir. El hombre regresó a su morada, ensilló el mejor de sus caballos y, en dirección a Samarkanda, atravesó al galope una de las puertas de la ciudad.
Un instante más tarde el califa, a quien atormentaba un pensamiento secreto, decidió disfrazarse, como hacía a veces, y salir de su palacio. Solo, fue hasta la gran plaza, rodeado por los ruidos del mercado, buscó a la muerte con la mirada y la vio, la reconoció. El visir no se había equivocado lo más mínimo. Ciertamente era la muerte, alta y delgada, vestida de negro, el rostro medio cubierto por un chal rojo de algodón. Iba por el mercado de grupo en grupo sin que nadie se fijase en ella, rozando con el dedo el hombro de un hombre que preparaba su puesto, tocando el brazo de una mujer cargada de menta, esquivando a un niño que corría hacia ella.
El califa se dirigió hacia la muerte. Está, a pesar del disfraz, lo reconoció al instante y se inclinó en señal de respeto.
– Tengo que hacerte una pregunta -le dijo el califa en voz baja.
– Te escucho.
– Mi primer visir es todavía un hombre joven, saludable, eficaz y probablemente honrado. Entonces, ¿por qué esta mañana cuando él venía a palacio, lo has tocado y asustado? ¿Por qué lo has mirado con aire de amenaza?
La muerte pareció ligeramente sorprendida y contestó al califa:
– No quería asustarlo. No lo he mirado con aire amenazante. Sencillamente, cuando por casualidad hemos chocado y lo he reconocido, no he podido ocultar mi sorpresa, que él ha debido tomar como una amenaza.
– ¿Por qué sorpresa? -preguntó el califa.
– Porque -contestó la muerte- no esperaba verlo aquí. Tengo una cita con él esta noche en Samarkanda.

viernes, 30 de octubre de 2015

AY, DIOS TUYO!
Anoche estuve chateando con un viudo . Perdió a su amada esposa hace tres años. Con ella libró una batalla feroz de seis tratamientos de todo tipo, sin éxito. Me dijo que Crescenti es un chanta que se aprovecha de la desesperación de la gente . Que más resultado le dio ir a ver al Padre Ignacio que los llenó de esperanzas por un rato más.
“ Mirá, Ana, que oramos y le rogamos a Dios que la salvara, pero se la quiso llevar igual “
Le pregunto si Dios elige a quien se lleva y a quien no .
Me dice que sí, que Dios se lleva a los mejores .
Le pregunto si los que quedamos vivos somos la escoria, los malos, el descarte de Dios Me dice que los que quedamos acá somos los que todavia tenemos que aprender y que Dios se lleva a los que ya aprendieron.
Lle pregunto que había aprendido su mujer que él no aprendió todavía.
Me dice que ella era la persona mas buena del mundo, la bondas misma, y un ejemplo de paciencia total. Paciencia, que el no ejerce. Le pregunto si entonces el premio por aprender paciencia es la muerte , y le digo que en eso caso prefiero cultivar mi impaciencia y maldad lo mas que pueda para tener una vida larga .
Me dice que si tu amor tiene cáncer , la desesperacion es tal que más vale que creas en Dios .
Le pregunto que tiene que ver Dios con todo esto, si el cáncer es un proceso biológico de células que se reproducen enloquecidamente porque no saben morir. (Justamente el cáncer es la enfermedad de no aceptar la propia muerte, y por eso nunca les llega a quien lo piden o lo esperan )
“ Son designios de Dios, Ana . No podemos saber lo que quiere Él . Dios sabe por qué hace las cosas . “
“ ¿Vos creés que hay un Dios que mira todo y decide?”
“ Si claro “
“ ¿Y que en su infinita bondad deja que tu mujer, que era una divina, muera retorcida d dolor con un cáncer y te deje solo? Si dios fuera bueno no dejaría que pasen cosas horrendas como esa”
” “ Pero Dios sabe por qué deja que te pasen . Del dolor siempre se aprende “ , dice
“ Del dolor nunca se aprende nada más que sadismo, masoquismo alcoholismo, drogadicción , obesidad y empastillamiento. Se aprende solo de la pasión la vocación y la felicidad. Lo otro es perder vida “ , le digo
“ Pero existe la justicia divina Los malos pagan lo que hace y los buenos tiene su premio . Todo vuelve, todo se paga “ , dice .
“Nada se paga ni se cobra .¿ Qué maldad tuvo que pagar tu mujer con su cáncer? ¿ NO era qu Dios se lleva a los mejores? ¿En qué quedamos? ¿ Al llevársela, Dios la castiga por su maldad o la premia por su bondad?” le pregunto
“ No sabemos nada de l ahusticia divina, pero existe” , iniste
“ ¿ De qué justicia hablas? Está lleno de asesinos y estafadores millonarios que la pasan bárbaro y son felices hasta el final, y está lleno de gente solidaria y abnegada y buenísima que la pasa horrible y muere en al soledad y el desprecio. La justicia no existe, ni la divina ni la humana. Te lo digo desde una familia de abogados. Y si hay dios , es un voyeur bastante sádico indiferente a juzgar por las cosas horrendas que deja que pasen”, le digo
“Pero a mi, Dios me da consuelo “ , me dice
“ Perfecto, Celebro que hayas encontrado consuelo en dios . Yo respeto mucho que la gente pueda encontrar su consuelo en donde pueda , sea Dios, Ala, Buda , Yoga, Ultramaratonismo o Reiki . Pero me parece una idea intragable y bizarra al de creer en un dios varon “
“ ¿Pero vos no creés en nada?“
“ Al contrario, creo en todo. Creo en la pulsión de la vida, creo en la ciencia, creo en el instinto y la intuición, creo en los campos morfongenéticos y creo que todos estamos unidos por una pulsión vital colectiva y solidaria que produce fenómenos como que adivinemos el futuro ( me pasó ) , sepamos cosas antes de que nos las digan , seamos intutivos y tengamos raptos de comunicación telepática . Pero eso también les pàsa a las hormigas, los monos y los elefantes y ellos no creen e dios “
“¿ No creés en el amor?”
“ Clñaro que si : todos estamos enamorados d todos, si no no habría discitecasm, cines, facebook. Twitter , cine , televisión…la gente ama a la gente . Y si alguien te trata de un modo un poco mas especial … lo ves especial y se dispara la dopamina y ese ser te parece único. . Pero mucha gente puede parecerte única. También tus hijos . O genet que te de ternura o admiración “
“ ¿ Y por que no creés en Dios?” , me pregunta
“Por que no puedo creer en que allá arriba haya un señor barbudo que nos maneja la vida. Está lleno de sondas recorriendo el espacio y no encontraron su trono “ , le digo
“ES que Dios es invisible”, afirma
“ Okey, entonces no entiendo por qué vos no creés en la Gran Fuente de Spaghetti a la Bolognesa que nos creó a todos , que nos protege y es invisible . Si no crees en La Gran Fuente tenés poca fe y sos materialista y solo creés en lo que ven tus ojos. No me pidas que crea en que el JEFE es invisible y varón”
“ Yo no pienso en dios como hombre ni como mujer Para mi Dios no tiene genero” , me dice .
“Para la Iglesia si y te lo refriega machaconamente” , le digo
“ No es así “ , opina.
“ Vos no lo ves porque sos varón y no te afecta . Te parece narcisísticamente natural creer en un dios de tu sexo, .Estas inmerso en la sociedad patriarcal que los ciega a todos desde hace siglos. Pero Dios es un señor barbudo , lo dice la misma Iglesia”
“ ¿Dónde dice eso?”, me pregunta
“ Toda la imaginería religiosa , las pinturas , la capilla Sixtina, en todas partes esta retratado a Dios como hombre”
“ Esa es idea del artista “ , insiste
“ No. Lo hacían por encargo de la Iglesia, con la aprobacion y el dinero de la Iglesia y lo dice la iglesia”
“ Por ponerle una cara …”
“ ¿Y por qué no una cara de mujer?”, pregunto
“¿ Importa mucho eso? “
“ Soy mujer : me importa …¿ te podes poner en mi lugar un segundo”
“ No creo “ , dice
“A ver , te pido una ejercicio” , le digo “ ¿Podrías ponerte por tres minutos en una posición empática , en el lugar de otro que nada que ver con vos , a ver como se ven las cosas desde otro lugar? “
“ A ver … lo intento “ , dice él
“ Okey, imaginate que sos una nena de 8 años. Tenés trencitas y zapatitos de charol y un vestidito celeste. Jugás con muñecas y bebotes que podés vestir y acomodar como quieras en la silla o cochecito de juguete que quieras y les das la comidita en la boca . Soñás con ser como tu mamá y tu tia : una señora que usa corpiño , tacos altos , tapados de piel, y joyas de verdad y peinados con spray. Y que tiene una cartera con una billetera con la que compra lo que quiere cuando quiere, Si quiere pasa por una panadería y compra una torta de chocolate, la mejor .Esa señora es tu idola, tu meta. Y esa señora y tu abuela te llevan todos los domingos a misa, a escuchar a un señor que habla mucho y fuerte, vestido raro con pollera larga, que ordena a todos arrodillarse, pararse y sentarse cuando él quiere , acomodando a todos como se le antoja a él. Para mas espectacularidad, todo iluminado con rayos de colores que salen de los vitrales, candelabros con velas , altares dorados, cortinados y columnas, suena un órgano, canta un coro, tocan campanas, hay monaguillos (todos varones) , el señor ese que manda toma vino solo él, de una copa de oro , lanzan humo perfumado , te pide que confieses tus pecados y te da un trocitos de pan en la boca como si fueran todos bebés . Eso es confiscación masculina del rol materno, de mínima -.
Al frente de too, en sitio central , la nena ve una estatua casi pornográfica de un hombre desnudo con un taparrabos a punto de caerse. Está sudoroso y sangrante con clavos en pies y manos, en una cruz, como agitado después de mucho sexo. Cada dos palabras de esa sesión semanal de una hora, la nena escucha “ Oremos al Señor “ “ Alabado sea el Señor “ Dios Nuestro Señor “ Y Cristo Nuestro señor “ . No existen las señoras en todo el discurso, A veces hablan de María, que es virgen y llena de gracia, pero jamás cuentan un chiste de María . A María la nombran medio de compromiso, por mencionar a la Madre de Jesús. Y también nos obligan pedirle que tenga piedad de nosotros a un cordero que quita los pecados del mundo , o sea que prefieren seguir adorando a una oveja macho, el Vellocino de Oro, antes que adorar a una mujer . Pero el Jefe es Dios Nuestro Señor . Sumale a eso todo el lavado de cerebro machista por el que pasan todos en Catequesis . Decime si eso no es violento para una nena …y para todas las mujeres del mundo . El mensaje es claro : “ MUJER : NO EXISTÍS- Mandan los hombres . “
“ Uy. me dio escalofríos… “ dice “ Pero hay monjas en la iglesia “ , reacciona
“ Esclavas, Surebvas del Señor – Vírgenes tapadas. Lo dicen ellas mismas . El segrado corazón de Jesus otro señor más “ , le digo
“ Okey, ¿Y por qué Dios es hombre? “
“No lo es, ni lo era, “, le cuento “Se inventaron eso los omerciantes hace 5000 años, cuando la sociedad pasó de ser agrícola y sedentaria a ser basada en viajes, invasiones, comercio y competencias comerciales . Dios fue mujer en todas partes durante más de 100000 años. Ishtar, Mater Matutas , Palas Atenea, Uni Astarté, Venus Genitrix , Cibeles , más un millón más de las que se perdieron sus nombres . Desterraron a las diosas mujeres, maternales y fértiles, para crear una imagen publicitaria de un dios hombre , implacable y belicoso, lleno de ira , castigador, más acorde con tiempos de guerra . En nombre de la Iglesia se cometieron genocidios, violaciones, desfalcos bancarios, negociados, quema de brujas, pedofilia, bendición de ojivas nucleares, tanques y condenados en el patíbulo , guerras santas , invasiones…. Todo liderado por un anciano venerable que vive en le lujo en el Vaticano y un ejército de solterones misóginos que dedican su vida a desparramar esta creencia con enormes aparatos de publicidad mundiales, avalados por los gobiernos de todos los países Las aberraciones más grandes que hay . Eso con una diosa mujer no pasaba .”
“¿Y qué paso con las diosas mujeres?” , me pregunta
“ Las desterraron quemando sus templos, tirando sus efigies de piedra al mar o construyéndole encima templos dedicados a dioses varones . Pero fijate que no con mucho éxito, ya que es enorme la cantidad de gente que prefiere rezarle a la Virgen . Es más atávico natural y cómodo sentirse consolado y amparado por una madre que por un tipo. Eso si, la sociedad patriarcal deja clarito que ella es Virgen : o sea vive encerrada, nadie la toca, no tiene sexo, Tampoco que se la crea tanto. Hay que anularle la femineidad. La llaman la Inmaculada. Ja . Eso indica que todas las que tenemos sexo, somos sucias . Clarito el mensaje. Ja, como para que me guste Dios! •”
Se queda callado. Y dice : .
“Me dejás pensando . No sabía esto . NI lo había pensado. Voy a googlearlo”
Hoy salvé un alma, capaz . Me siento misionera del ateísmo . Vean de que lejos viene el machismo, qué viral y enquistado que seguirá estando durante siglos .Ojo que tuve la suerte de toparme con un creyente abierto, respetuoso, y capaz de escuchar otra posición . Un hombre inteligente, encima . Y eso si que es un milagro de Diosa .

jueves, 5 de marzo de 2015

Contactos muertos


No puedo eliminar a los contactos que se me murieron en los ultimos años. Sería como eliminar dos veces. No lo haré . Los conservo... y a veces les escribo.
Tengo u amigo que tampoco puede . cada tanto recibe un mensaje desde el facebook de su amigo muerto. . Es su viuda  . Pero cada mensaje  lo deja siempre al borde del infarto antes de leerla a ella  . 

Por que hay que anunciar las muertes ?

Se muere alguien y  hay que  anunciarselo a todod el mundo ya mismo .  En obituarios en le  periodicos, en Facebook en cadenas de llamadas telefoncias : es urgente que todos sepan que se murió. No va a estar menos muerto  hoy que mañna, no habra  cambios  a partir de ahora, per hay que avisar que murio . . Qué cosa rara esto de que hay que informar quién va muriendo... .... Es como que la mente necesita ir sabiendo por quien no preocuparse más . Cada muerto es  gente que uno contabliza como " viva" en la cabeza , y hay que cambiarla de casillero, del lugar de las interacciones ...al lugar de los recuerdos. Y hay que avisarle a otros que hagan eso tambien.
O quizas sea  como dice John Donne  " No preguntes por quien suenans las  campanas : estan  sonando por ti " Muere  alguien y el colectivo de los  conocidos  se achica, y eso nos achica la vida  nuestra .  Quizas por eso  en los medios siempre se anuncian cualquier incidente  donde hubo muertes., Si no hubo kuertos, no le inetresa a  nadie lo que pasó. O quizas  sea morbo . O quizas se  trata de desparramar  la alegria de saber que lo toco al vecino, pero  a  uno aun le queda un rato más No se ,  son suposiciones .  

viernes, 3 de octubre de 2014

miércoles, 10 de septiembre de 2014

    El 30 por ciento de los suicidios en el mundo se cometen mediante envenenamientos con pesticidas, ahorcamientos o con armas de fuego. (Foto: Archivo)

    El 30 por ciento de los suicidios en el mundo se cometen mediante envenenamientos con pesticidas, ahorcamientos o con armas de fuego. (Foto: Archivo)

    Cada 10 de septiembre se celebra el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, como una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para fomentar compromisos y medidas prácticas para prevenir los suicidios.
    Estimaciones de la referida institución revelan que cada día hay en promedio casi 3 mil personas que ponen fin a su vida, y al menos 20 personas intentan suicidarse por cada una que lo consigue. Se puede decir que cada cada 40 segundos una persona se quita la vida.
    Un informe reciente de la OMS que recoge datos de los últimos 10 años, destaca que el suicidio es un problema mundial que cada año es responsable de 800 mil muertes.
    “En 2013, la OMS inició un plan de acción para reducir un 10% la tasa de suicidio en los países desde ese año a 2020”. Directora general de la OMS, Margaret Chan.
    Métodos más comunes
    Entre los medios principales por los que se cometen los suicidios, se encuentran pesticidas, medicamentos, o líquidos químicos.
    Se estima que en torno al 30 por ciento de los suicidios en el mundo se cometen mediante envenenamientos con pesticidas, ahorcamientos o con armas de fuego.
    De igual modo, se conocen otras formas, como lanzarse al vacio desde estructuras altas o buscar un arrollamiento con vehículos o medios de transporte como trenes.
    Perfil del suicida
    Las características de un suicida, varían en función de la renta del país. En los más ricos, el número de hombres que decide terminar con su vida es tres veces mayor que el de las mujeres, pero en los de medianos y bajos recursos ese ratio es mucho menor: 1,5.
    Pero, por otro lado, cuando se habla de tentativa de suicidio son las mujeres las que más veces protagonizan estos intentos.
    Las tasas de suicidio mayores se dan en personas de 70 o más años, aunque en algunos países este problema se da más entre los jóvenes, y globalmente se considera la segunda causa de muerte entre los 15 y los 29 años.
    El patro sigue variando a nivel mundial. Las muertes por suicidio son mayores en el norte de Europa que en en los países mediterráneos. El informe de la OMS detalla que detrás del suicidio en los países de altos ingresos están en un 90 por ciento de las ocasiones los trastornos mentales, mientras que estos suponen el 60 por ciento de las causas de las muertes por suicidio en algunos países de Asia, China y la India.
    Planes de acción
    Existen planes de acción frente al suicidio. Se reparten así: 18 países en África, 17 en América, 11 en la región del Mediterráneo, 26 en Europa, siete en el Sudeste Asiático y 11 en el Pacífico.

    Suicidios en cifras
    Lituania es el país que tiene la tasa de suicidios más alta del mundo, considerando la población masculina (los varones se matan en una proporción muy superior a las mujeres en todos los países), según la OMS. El promedio es de 61,3 cada 100 mil habitantes.
    1.- Lituania: 61,3 por cada 100 mil habitantes.
    2.-Rusia: 53,9 por cada 100 mil habitantes.
    3.- Bielorrusia: 48,7. por cada 100 mil habitantes.
    Más abajo quedan: Kazajistán con 43, Hungría y Letonia con 40, y Ucrania con 37,8.
    Siete de los siguientes diez pertenecen a Europa del Este. Completan la decena tres asiáticos: Corea del Sur, Japón y Sri Lanka.
    Como los países de Europa Occidental tienen índices más bajos, la media europea es de 23,2 suicidios cada 100 mil habitantes (siempre considerando la población masculina).
    Las naciones latinoamericanas, promedian 10,3. A excepción de Uruguay, Cuba y Chile, que tienen tasas similares a las europeas (de 26, 19 y 18 respectivamente), el resto está por debajo de los 13 suicidios.
    Los casos extremos son Paraguay, que tiene 5,1; República Dominicana, con 3,9; y Perú, con 1,9.
    Es cierto que las naciones de Europa Oriental no están entre las más avanzadas y son las que encabezan la lista, pero desde el décimo puesto en adelante, aparecen los de Europa Occidental y otros países desarrollados no europeos.
    Entre ellos, Estados Unidos, que tiene un índice de 17,7 cada 100 mil habitantes, y Canadá (17,3).  En cuanto a América Latina, entre los países con más suicidios están Chile (18,2) y Uruguay (26), que son los que alcanzaron estándares de vida más cercanos a los europeos.
    Países dominados por el Islam
    Si bien la OMS no cuenta con estadísticas de muchos países dominados por el Islam, en aquellos que hay información los números son elocuentes. Por ejemplo, en Egipto, la tasa es de apenas 0,1 suicidios cada 100 mil habitantes. En Jordania es de 0,2. Mientras que en Siria e Irán -donde la información está lamentablemente muy desactualizada- los suicidios son 0,2 y 0,3.