martes, 20 de enero de 2009

Limites, poema de Borges sobre la muerte

Hay un poema de Borges llamado "Límites" que habla de la muerte con tal realismo, que cuando murió mi nonna, lo repartí en el sepelio. No hay nada mejor que un poema para expresar lo indecible. En ese momento repartí la versión larga de LÍMITES que Borges escribió para La Nación y el diario publicó el 30 de Marzo de 1958.
Sin embargo, había una versión anterior de 1923, que Borges atribuía a un tal Julio Platero Haedo-uno de sus multiples alias-, he incluyó en su libro " El Hacedor" ( 1960).Ambos hablan de cuantas cosas ya no puedes hacer una vez que estás muerto. Pero Borges se olvidó de la parte buena : ya no hay que hacer camas, lavar platos, limpiar las cacas del gato, esperar e le consultorio del dentista a que te taladren una muela, ni hacerte mala sangre cuando el mecánico del auto te dice que lo reparó, te cobra una fortuna y sigue perdiendo aceite , ni sonarte la nariz cuando te resfrías. Y ya no te duele más nada .
Esta es la versión corta:
Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar.
Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos,
hay un espejo que me ha visto por última vez,
hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo.
Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos)
hay alguno que ya nunca abriré.
Este verano cumpliré cincuenta años;
La muerte me desgasta, incesante.

Para el diario La Nación , Borges se plagió a sí mismo , ampliando el concepto:
Límites
De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cual) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotente normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejan y tejan esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más olvido,
¿quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa,
y del alto de libros que nos trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de manpostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigilia, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias, una
que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando el ocaso, ante la luz, dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo es ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con mal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
runor de multitudes que se alejan;
son lo que me ha querido y olvidado;
espacio y tiempo y Borges ya me dejan.

1 comentario:

Paola Luchini dijo...

en realidad ese poema lo escribió cuando se estaba quedando ciego :/