martes, 20 de enero de 2009

¿ Por qué le tememos a los muertos?





La gente siempre necesitó creer que nadie termina con su última aliento. En todas las civilizaciones creyeron que quien muere, perdura de un modo u otro, después de haber muerto.De hecho, les ponían monedas en los ojos o debajo de la lengua para que puedan pagarse el colectivo adonde quiera que fueran.
Las civilizaciones más primitivas creían que los espíritus andaban merodeando, ayudando o complicándoles la vida a los vivos, a veces dedicados a cerrar cuentas pendientes. Ante cualquier inconveniente, la culpa la tenia algún espíritu inquieto Y se hacían rituales complejos para sacarlos del caminos. En China existe un personaje de leyenda que era el cazador de almas: salía con una jaula a atraparlas, para que no molesten a los demás. Un poco como los Ghostbusters del siglo XV. Dado que siempre fue increíble que alguien exista, ensucie y opine, y de golpe ya no esté , al ver a esa persona morir, los allegados creían que estaba en otra parte con un secreto al que nadie más tiene. Eso convertía al difunto en un ser poderoso. Sabiendo con qué pocas ganas uno se muere, ellos temían que el espíritu del difunto no desee abandonar el mundo e intente poseer otro cuerpo. Múltiples costumbres y tradiciones nacen de estas creencias.
Cuando alguien fallece lo primero que se hace es cerrarle los ojos. Con ello se pretende evitar que el difunto escoja al siguiente en morir y se establece una frontera entre lo muerto y lo vivo, de la misma manera que al cubrir el cadáver con una sábana o tela.
Velar al muerto significaba repartir velas que espantaran a los malos espíritus hasta que el muerto recibiera sepultura. El color del luto es el negro a partir del siglo XI —antes era el blanco— y obedece a la necesidad de los vivos de ocultarse de los muertos . La idea era que el vivo esté irreconocible para el muerto, evitando así que el alma del difunto penetrara en su cuerpo...o quisiera llevarselo a él también. Con más razón , muchas más viudas visten de negro por el resto de sus vidas que lo que visten de negros los viudos. Las viudas de maridos celosos que no hubieran querido dejarlas solas y libres tiene buenos motivos para ocultarse del espíritu de ese muerto. Algunos pueblos primitivos usan el color blanco como color de luto, y lo logran embadurnándose el cuerpo con yeso o con cenizas a fin de disfrazarse de espíritus y desorientar a los intrusos del más allá.
Una vez amortajado el cadáver , en toda cultura recibe sepultura bien envuelto en tela , en un canasto, o, si la economía lo permite, en un ataúd. Ya hacia el cuarto milenio antes de Cristo los sumerios metían a sus difuntos en cestos de juncos movidos por el miedo al regreso del muerto al mundo de los vivos. En muchas culturas se atan al cuerpo con varios tientos y nudos, no para que no se desparrame, sino para que no se mueva , en todo sentido . Se deben entender estas costumbres como antecedentes del actual ataúd. En algunos pueblos del norte de Europa se decapitaba el cadáver y se le amputaban los pies para evitar que persiguiese a los vivos. Y aunque enterrarlo bajo metro y medio de tierra podía ser suficiente, se le encerró en una caja, se le clavó una tapa con un número exagerado de clavos y se cegó la entrada de la tumba con una pesada lápida de piedra y cemento.
En Roma se enterraba a los muertos al atardecer y, para despistar al muerto se llegaba al cementerio ya de nocheo y se encendían antorchas tanto para alumbrarse como por ser el fuego un elemento parejo a la muerte. De hecho la palabra funeral proviene del latín funus, ‘tea encendida’.
Colocar flores en las sepulturas se interpreta como el deseo de proporcionar algo vivo en recuerdo del difunto y la corona de flores tenía también la misión de cerrar el paso al espíritu e impedirle volver al mundo de los muertos.
La posesión por parte de un espíritu maligno o un alma atormentada ha sido un temor ancestral y diversas han sido las artimañas para protegerse de tal eventualidad. Las primeras proceden seguramente del Neolítico y se pueden observar en la actualidad en las tribus más atrasadas del África profunda o del Amazonas. Consisten en la automutilación y colocación de objetos mágico-religiosos en los orificios del cuerpo por los que podían penetrar los malos espíritus. A ese fin se agujereaban los extremos de las orejas para colgar de ellas talismanes, y también las aletas de la nariz o los labios.
El hombre del Neolítico acostumbraba a pintarse la cara y el cuerpo con significado mágico-religioso, como una forma de disfrazarse y ocultarse a los malos espíritus y a no ser reconocido tras la máscara. Después de ello, el maquillaje estuvo presente en todo el mundo antiguo. Los reyes se presentaban ante su pueblo maquillados, las mujeres podían aparecer en público desnudas, pero no sin pintarse y en Egipto nadie era enterrado sin cosméticos. Hombres y mujeres pintaban sus labios de color rojo pálido por imperativo de la moda egipcia y por la supersticiosa creencia de que no es posible la muerte si los labios están rojos.Es lógico : la muerte se nota enseguida en los labios, que empalidecn, se secan , se opacan o se azulan.
Algunos dicen que el gesto de cubrir el bostezo con la mano, y de cubrirse las partes íntimas no obedece tanto a educación o pudor, sino a proteger los orificios de entrada del cuerpo de posibles espíritus que ingresen a ellos por él. Tan fuerte es la ganas de vivir en algunas almas, que quisieran prolongar su estadia en la tierra en un cuerpo cualquiera sin i,poratarles cuçal : es por esto que tanto se le teme a los muertos : porque nos envidian a nosotros por seguir vivos.
Por todos estos temores a los muertos se los ocultaba y se los escondía en cementerios y catacumbas, túmulos y hasta pirámides. Imaginemos al hombre primitivo aferrado al cuerpo muerto de su ser amado, que ve que su madre, hija o mujer se va convirtiendo , luego de muerta, en una cosa espantosa que no tiene nada que ver con lo que era la persona en vida. Les agarraba tal miedo que los tapaban con piedras, para eviatr el horror y la pestilencia . Los chinos le tenían tanto miedo a los muertos, que los enterraban con una réplica de terracota en miniatura de la propia casa del muerto en vida, para engañarlos de manera que el muerto creyera que aún seguía vivo en su propia casa, y se quedara allí, en la casita pequeña, en vez de seguir merodeando allí adonde había vivido.
Los muertos nos siguen dando miedo: en la sección películas de terror de cualquier video club, el 90% de las tapas de películas son cadáveres en distinto grado de descomposición. En el fondo, seguimos sintiendo que ellos eran iguales a nosotros, pero ya no. Y es que ahora saben algo – qué hay en el Más Allá- que los vivos aún desconocemos.
Los que hacen peliculas de terror, novelas de zombies y ciertos grupos de terror explotan nuestro shock ancestral disfrazandose de cadáveres que se mueven y hasta cantan rock*, con tal de que les prestemos atención , de pùro pánico a que sean muertos de verdad que regresan a ajustar cuentas de que nosostros sigamos vivos y ellos ya no .


* Puede no gustarte la música de Slipknot, por ejemplo, pero no puedes evitar mirarlos con morboso espanto pensando : " Mmmm...que feo...Algo anda mal aquí. No, no está nada bien que unos cadáveres toquen la batería y la guitarra eléctrica"

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy interesante.me dejó pensando.